El Clásico RCN Sistecrédito no solo impone batallas contra la gravedad y la distancia; plantea también un desafío fisiológico extremo que no figura en los mapas de altimetría: la amplitud térmica.
En etapas que conectan los valles andinos con las cumbres de la cordillera central, los corredores deben adaptar su organismo a cambios drásticos de temperatura en cuestión de horas, pasando del calor sofocante del plano al frío húmedo de la alta montaña.
¿Con qué clima se correrá en el Clásico RCN Sistecrédito?
En recorridos del Tolima y el Valle del Cauca el calor puede llegar a ser intenso, superando los 30°C, lo que obliga a los corredores a estar bien hidratos para sobreponerse al clima y estar a la altura de la competencia.
Sin embargo, el verdadero reto digestivo y vascular surge cuando la carretera comienza a ganar metros de altitud de forma abrupta hacia puertos de montaña superiores a los 3.000 metros de altura.
A medida que el pelotón asciende, la temperatura baja drásticamente hasta rozar los 10 °C en las cumbres. Este choque térmico repentino genera una vasoconstricción periférica inmediata.
Los vasos sanguíneos de las extremidades se contraen para conservar el calor en los órganos vitales, lo que causa rigidez muscular y dificulta la fluidez del pedalazo.
A esto se suma el enfriamiento por sudor en el descenso, donde la sensación térmica cae aún más bajo la lluvia y el viento helado.
Para los directores técnicos, la gestión de la ropa de frío y el cálculo de la tasa de sudoración son tan determinantes como la estrategia de carrera. Por lo que ningún detalle se puede dejar al azar.
En el Clásico RCN 2026, el corredor que no logre asimilar esta transición térmica corre el riesgo de sufrir un colapso físico antes de disputar la etapa. Y seguramente el equipo que sepa adaptarse a los cambios climáticos del recorrido, sacará una importante ventaja en busca de la victoria.