En el trazado de la edición 66 del Clásico RCN Sistecrédito coinciden dos colosos geográficos que resumen la esencia de lo que es la montaña colombiana.
Sin embargo, determinar cuál de los dos es el puerto más difícil exige evaluar dinámicas de esfuerzo completamente distintas: por un lado, la agonía orgánica que impone la altitud en el Alto de La Línea; por el otro, la tensión psicológica y la intensidad anaeróbica del Alto de Las Palmas, siendo este el trayecto final de una carrera icónica para el ciclismo de Colombia.
El Alto de La Línea en el Clásico RCN Sistecrédito
Ubicado en la cuarta etapa entre Ibagué y Sevilla (Valle del Cauca), el Alto de La Línea se presenta como el primer gran filtro del Clásico RCN.
Con más de 20 kilómetros de ascenso continuo y rampas que superan el 12% de inclinación, su verdadero factor de castigo radica en la cumbre: coronar a 3.265 metros sobre el nivel del mar supone una drástica caída en la presión de oxígeno.
A esa altitud, la capacidad de generar potencia sostenida disminuye, transformando la subida en un ejercicio de supervivencia donde el frío y el ácido láctico cobran facturas definitivas. Al situarse en mitad de jornada, obliga además a afrontar un descenso técnico a alta velocidad con el cuerpo al límite.
El Alto de Las Palmasen el Clásico RCN Sistecrédito
Por el contrario, el Alto de Las Palmas reserva su crueldad para el final del Clásico RCN Sistecrédito. Sus 17,2 kilómetros de pendiente sostenida al 7% promedio serán el escenario de la novena y última etapa, disputada bajo la modalidad de contrarreloj individual.
En este puerto no hay espacio para la estrategia de equipo ni oportunidad de resguardo a rueda. Tras ocho días de desgaste acumulado, los jefes de filas deberán afrontar una cronoescalada agónica, rozando su umbral anaeróbico durante más de cuarenta minutos.
Mientras La Línea destruye las piernas por pura exigencia física y atmosférica, Las Palmas quiebra la mente con la implacable sentencia del cronómetro. Lo que permitirá que solo el mejor ciclista pueda coronarse como el nuevo dueño de la camiseta amarilla en 2026.