La emoción por el regreso de las competencias internacionales para los equipos colombianos podría verse empañada por un serio problema de orden público. La programación de los octavos de final de la Copa Libertadores y la Copa Sudamericana ha encendido las alarmas de las autoridades brasileras, quienes ven con preocupación la coincidencia de los viajes de Atlético Nacional y América de Cali en territorio carioca.
El calendario determinó que el equipo verde de Medellín, dirigido por Javier Gandolfi, frente al histórico Sao Paulo en condición de visitante por el partido de vuelta de los octavos de final de la Libertadores. Por su parte, el conjunto escarlata, comandado por Gabriel Raimondi, visitará al poderoso Fluminense en el Maracaná por la misma instancia de la Sudamericana. Dos compromisos que, aunque corresponden a torneos distintos, tendrán lugar en fechas y horarios prácticamente idénticos.
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Tanto Nacional como América han comenzado sus planes de viaje a Brasil con la expectativa de obtener un buen resultado que les permita encarar con ventaja la vuelta en Colombia. Sin embargo, esta coincidencia logística ha generado inquietud no solo entre los organizadores de ambos torneos, sino también entre las autoridades policiales brasileñas, que conocen de primera mano los antecedentes violentos de algunas facciones radicales de las barras de ambos clubes.
La situación adquiere un matiz más delicado porque verdes y rojos podrían cruzarse en los aeropuertos brasileros el mismo día de sus compromisos. Los partidos están programados para el martes 19 de agosto a las 9:30 p.m. hora local, lo que significa que, tanto en la llegada como en el retorno a sus respectivos destinos, existe una alta probabilidad de que las hinchadas coincidan en terminales aéreas clave como las de São Paulo y Río de Janeiro.
Este escenario ha motivado a las autoridades locales a evaluar medidas extremas. Entre las opciones que se han puesto sobre la mesa figura un posible cierre parcial de fronteras para grupos de hinchas que sean identificados como miembros de las facciones más peligrosas. El objetivo sería prevenir altercados que puedan poner en riesgo la seguridad de los viajeros y el desarrollo normal de los eventos deportivos.
La policía brasileña, en coordinación con la CONMEBOL y las embajadas colombianas, ya trabaja en un plan de seguridad especial. Se habla de operativos conjuntos en aeropuertos, estaciones de transporte y alrededores de los estadios para evitar que cualquier encuentro fortuito derive en enfrentamientos. Además, no se descarta la deportación inmediata de hinchas que incumplan las normas locales o que participen en disturbios.
Históricamente, los choques entre las barras más radicales de Atlético Nacional y América de Cali han sido de alto riesgo, incluso fuera de Colombia. Por eso, la coincidencia de ambos en Brasil representa un desafío adicional para la seguridad de las ciudades anfitrionas. Aunque el fútbol es el motivo principal del viaje, la sombra de la violencia amenaza con desviar la atención de lo deportivo hacia lo policial.
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Lo que debería ser una fiesta continental podría transformarse en un problema internacional si no se toman las medidas preventivas necesarias. Tanto en Medellín como en Cali, los llamados a la calma y el comportamiento ejemplar empiezan a multiplicarse, con la esperanza de que el único protagonista en Brasil sea el balón.