Con la reciente eliminación del FC Barcelona de la Champions ante el Atlético de Madrid, el club ya suma 12 años sin tocar la ‘orejona’. Un dato que pesa, y más cuando se trata de uno de los equipos más grandes del Viejo Continente.
Flick y su prometedor inicio
El proyecto de Hansi Flick empezó generando dudas. Llegaba con el respaldo de su exitoso paso por el Bayern de Múnich, pero también con el recuerdo reciente del fracaso con la selección alemana en el Mundial de Catar 2022. Además, el contexto no ayudaba: un Barça golpeado, que venía de caer en Champions League ante el PSG, de terminar segundo en La Liga y quedarse corto en Copa del Rey.
Aun así, el técnico alemán logró darle identidad al equipo casi de inmediato. Su idea se vio reflejada en resultados contundentes: un 4-0 ante el Madrid y un 4-1 frente al Bayern en la misma semana. Ahí fue cuando todo el mundo empezó a mirar al Barça de otra manera. Su estilo ofensivo no solo convencía, sino también ilusionaba, al punto de que muchos lo consideraban el mejor equipo del momento.
Pero cuando todo parecía ir en ascenso, llegó el primer gran golpe. La eliminación en semifinales de Champions ante el Inter de Milán, en una serie de locura (7-6 global), marcó un antes y un después.
Aun así, el equipo cerró la temporada con un triplete doméstico: Liga, Copa del Rey y Supercopa de España. No era perfecto, pero parecía un proyecto sólido.
Barcelona y el fracaso que se empieza a asomar
Después de lo conseguido en la temporada 24/25, el panorama era completamente distinto. El Barcelona ya no era un equipo en reconstrucción: era una potencia que había enamorado a Europa con su fútbol. Las expectativas estaban por las nubes. Pero el fútbol no perdona.
Todo empezó a torcerse en la segunda jornada de Champions, cuando cayeron 2-1 ante el Paris Saint-Germain, un rival que, además, llegaba con bajas importantes. Era una derrota que no estaba en los planes y que empezaba a encender alarmas.
Luego vino otro golpe, esta vez más duro: derrota 1-4 ante el Sevilla. A partir de ahí, el equipo entró en una dinámica irregular. Ganaba, pero no convencía. Y cuando caía, lo hacía dejando dudas cada vez más evidentes. Incluso el primer clásico del año terminó en derrota 1-2 ante el Madrid.
El problema ya era evidente: el sistema que llevó al Barça a lo más alto empezó a jugarle en contra. La propuesta agresiva dejaba espacios en defensa y el fuera de juego dejó de ser efectivo. Siempre había un error, siempre un rival quedando habilitado. Y en este nivel, eso se paga.
Lo preocupante no era solo el problema, sino que nunca se corrigió. Flick se mantuvo fiel a su idea. Y esa insistencia terminó costando caro: derrotas dolorosas, algunas por goleada como el 3-0 ante el Chelsea FC en Champions, y otras inesperadas como el 2-1 frente a la Real Sociedad o el Girona FC.
Aun así, en medio del caos, el equipo logró levantar nuevamente la Supercopa de España, venciendo 3-2 al Real Madrid en la final. Parecía un punto de quiebre… pero fue solo una ilusión. Porque lo peor estaba por venir.
La serie contra el Atlético de Madrid terminó de confirmar todas las dudas. Un 4-0 en la ida de la semifinal de Copa del Rey parecía sentenciar todo, pero la historia dio un giro inesperado. Aunque ganaron la vuelta 3-0, no fue suficiente. Eliminados.
Y como si el destino quisiera insistir en la herida, ambos equipos se volvieron a cruzar en Champions. Otra vez el Atlético. Otra vez el golpe. Derrota 2-0 en la ida y victoria insuficiente 2-1 en la vuelta. Eliminación. Ahí se acabó el cuento.
En Barcelona se buscan culpables
Flick está en el centro de todo. Sus números son muy buenos: 83 victorias en 110 partidos, con un 75% de efectividad. Pero el problema no es estadístico, es futbolístico. Su rigidez táctica terminó pasando factura.
También hay otros factores: la falta de refuerzos en defensa tras la salida de Iñigo Martínez, las lesiones de jugadores clave como Raphinha, Frenkie de Jong y Lamine Yamal, y el bajo rendimiento de varias piezas importantes. El resultado fue un equipo que nunca recuperó la solidez que lo había hecho brillar.
Por eso, más que un fracaso absoluto, lo de Flick con el Barcelona es un proyecto que prometía todo, pero que, cuando llegó el momento clave, no supo sostenerse.